Argentina. Otra parte de la historia. LA INVASIÓN militar de la Sociedad Rural. 16 de abril de 1879. Redacción y selección de textos por Newen Antv
El General Julio Argentino Roca, ministro de Guerra de Nicolás Avellaneda, inicia la invasión militar de la Patagonia.
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Bernardino Rivadavia fue el primer presidente de las <Provincias Unidas del Río de la Plata>, creadas por ley del Congreso del 6 de febrero de 1826.
La Constitución de 1826, fue una fallida constitución argentina impulsada por el Congreso General Constituyente, que sesionaba desde 1824 en Buenos Aires, en el gobierno de Bernardino Rivadavia. Durante el período de las guerras civiles, y mientras el país se encontraba en guerra con Brasil. Estableció un régimen de gobierno unitario, en virtud del cual los gobernadores de las provincias quedaban bajo el mando del presidente.
La "Constitución de Rivadavia" reavivó la guerra civil, desencadenando la creación de la Liga Provincial en mayo de 1827, entre once de las catorce provincias entonces existentes.
Argentina no existía en 1853.
El 1° de Mayo de 1853, fue sancionada; (por una Convención Constituyente reunida en Santa Fé representando a pueblos de trece provincias, sin Buenos Aires); otra Constitución.
A pesar de que en 1853 fue sancionada la Constitución, entre 1852 y 1862 la Provincia de Buenos Aires estuvo escindida del resto de las provincias, nucleadas en la Confederación Argentina cuya capital era Paraná.
A pesar de haber derrotado a Rosas en Caseros, y de contar con el apoyo del Litoral y de las provincias del Interior, Urquiza encontró fuertes resistencias en Buenos Aires a la hora de imponer su modelo de organización nacional
En 1854 fue electo como primer presidente de la Confederación Argentina, cargo que ocupó por seis años, por lo que también se convirtió así en el primer presidente constitucional argentino, aunque el país no incluía a la provincia de Buenos Aires que había decidido separarse.
Hasta 1862, existió la guerra entre la Confederación Argentina –liderada por Urquiza– y el Estado de Buenos Aires.
Desde 1862 a 1880 se sucedieron las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Electos por europeos o sus descendientes, que vivían en pequeños poblados heredados de los invasores españoles…
… enfrentamientos militares de Cepeda en 1859 y Pavón en 1861…
El triunfo del proyecto liberal nacionalista permitió reconstruir la hegemonía porteña mediante la creación de un Estado nacional muy dinámico que logró someter a los otros pueblos…
Subordinarlos … a la autoridad central, la organización institucional y la integración territorial.
La *Sociedad Rural Argentina financió la invasión militar llamada “Conquista del desierto, Es una asociación civil patronal fundada en 1866 que agrupa a grandes propietarios de tierras en la región bonaerense - pampeana,. Impuso un modelo de Estado nacional…
El 11 de abril de 1870 el general Justo José de Urquiza fue asesinado en el Palacio San José, Entre Ríos, mientras se desempeñaba como gobernador de esa provincia.
Hace poco más de 140 años los invasores europeos, (descendientes de españoles, italianos, franceses,, ingleses...), avanzaron, sobre el territorio y las Comunidades Mapuche, Rankel y Tehuelche.
En 1876 crean la ley de Inmigración y Colonización, promulgada por Avellaneda luego de un debate que se extendió por dos períodos…
… la ley de inmigración y colonización pretendía facilitar el acceso de los europeos inmigrantes a la propiedad o posesión de la tierra,…
16 de abril de 1879: El General Julio Argentino Roca, ministro de Guerra del Pte. Nicolás Avellaneda, inició la invasión militar de la Patagonia.
El 3 de diciembre de 1882
"La ley de remate público otorgó 5.473.033 de hectáreas a los invasores.
La Ley 1552 de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios.
La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas.
En las actuales provincias de Bs. As., La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego.
En 1887: la ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas".
Los gobernantes "argentinos" se repartieron la tierra e impusieron la "propiedad privada", el cristianismo, los símbolos "patrios", la educación obligatoria, sus leyes, jueces y verdugos.
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" Los campos de concentración de la “conquista del desierto”.
Fuente: Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina 2, Buenos Aires, Planeta. 2004, págs. 317-321, adaptado para El Historiador.
Los sobrevivientes de la llamada “Conquista del Desierto” fueron “civilizadamente” trasladados, caminando encadenados 1.400 kilómetros, desde los confines cordilleranos hacia los puertos atlánticos.
A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta, en Río Negro. El colono Galés John Daniel Evans recordaba así aquel siniestro lugar: “En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia. (…) Estaban cercados por alambre tejido de gran altura; en ese patio los indios deambulaban, trataban de reconocernos; ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos aferrados del alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco de castellano y un poco de galés: ‘poco bara chiñor, poco bara chiñor’ (un poco de pan señor)”.1
La historia oral, la que sobrevive a todas las inquisiciones, incluyendo a la autodenominada “historia oficial” recuerda en su lenguaje: “La forma que lo arriaban…uno si se cansaba por ahí, de a pie todo, se cansaba lo sacaban el sable lo cortaban en lo garrone. La gente que se cansaba y…iba de a pie. Ahí quedaba nomá, vivo, desgarronado, cortado. Y eso claro… muy triste, muy largo tamién… Hay que tener corazón porque… casi prefiero no contarlo porque é muy triste. Muy triste esto, dotor, Yo me recuerdo bien por lo que contaba mi pobre viejo paz descanse. Mi papa; en la forma que ellos trataban. Dice que un primo d’él cansó, no pudo caminar más, y entonces agarraron lo estiraron las dos pierna y uno lo capó igual que un animal. Y todo eso… a mí me… casi no tengo coraje de contarla. Es historia… es una cosa muy vieja, nadie la va a contar tampoco, ¿no?…único yo que voy quedando… conocé… Dios grande será… porque yo escuché hablar mi pagre, comersar…porque mi pagre anduvo mucho… (…)”. 2
De allí partían los sobrevivientes hacia el puerto de Buenos Aires en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.
Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de “dignos”, “los bárbaros son los que les pusieron cadenas”, en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y “patriótico” que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso “desfile de la victoria”.
Desde el puerto los vencidos fueron trasladados al campo de concentración montado en la isla Martín García. Desde allí fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso a repartirse el botín, según lo cuenta el diario El Nacional que titulaba “Entrega de indios”: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”.3
Se había tornado un paseo “francamente divertido” para las damas de la “alta sociedad”, voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vueltita los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.
En otro articulo, el mismo diario El Nacional describía así la barbarie de las “damas” de “beneficencia”, encargadas de beneficiarse con el reparto de seres humanos como sirvientes, quitándoles sus hijos a las madres y destrozando familias: “La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia”.
Los promotores de la civilización, la tradición, la familia y la propiedad, habiendo despojado a estas gentes de su tradición y sus propiedades, ahora iban por sus familias. A los hombres se los mandaba al norte como mano de obra esclava para trabajar en los obrajes madereros o azucareros.
Dice el Padre Birot, cura de Martín García: “El indio siente muchísimo cuando lo separan de sus hijos, de su mujer; porque en la pampa todos los sentimientos de su corazón están concentrados en la vida de familia”.4
Se habían cumplido los objetivos militares, había llegado el momento de la repartija del patrimonio nacional.
La ley de remate público del 3 de diciembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de septiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.
Si hacemos números, tendremos este balance: La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.
Desde luego, los que pusieron el cuerpo, los soldados, no obtuvieron nada en el reparto. Como se lamentaba uno de ellos, “¡Pobres y buenos milicos! Habían conquistado veinte mil leguas de territorio, y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo ni trabajo, muchos de ellos no hallaron –siquiera en el estercolero del hospital– rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y de verdadero patriotismo”.5
Los verdaderos dueños de aquellas tierras, de las que fueron salvajemente despojados, recibieron a modo de limosna lo siguiente: Namuncurá y su gente, 6 leguas de tierra. Los caciques Pichihuinca y Trapailaf, 6 leguas. Sayhueque, 12 leguas. En total, 24 leguas de tierra en zonas estériles y aisladas.
Ya nada sería como antes en los territorios “conquistados”; no había que dejar rastros de la presencia de los “salvajes”. Como recuerda Osvaldo Bayer, “Los nombres poéticos que los habitantes originarios pusieron a montañas, lagos y valles fueron cambiados por nombres de generales y de burócratas del gobierno de Buenos Aires. Uno de los lagos más hermosos de la Patagonia, que llevaba el nombre en tehuelche de “el ojo de Dios”, fue reemplazado por Gutiérrez, un burócrata del ministerio del Interior que pagaba los sueldos a los militares. Y en Tierra del Fuego, el lago llamado “Descanso del horizonte” pasó a llamarse “Monseñor Fagnano”, en honor del cura que acompañó a las tropas con la cruz” 5.
Referencias:
1 Walter Delrio, “Sabina llorar cuando contaban. Campos de concentración y torturas en la Patagonia”, ponencia presentada en la Jornada: “Políticas genocidas del Estado argentinos: Campaña del Desierto y Guerra de la Triple Alianza”, Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Poder Autónomo, Buenos Aires, 9 de mayo de 2005. Citado por Fabiana Nahuelquir en “Relatos del traslado forzoso en pos del sometimiento indígena a fines de la conquista al desierto”, publicado en https://www.elhistoriador.com.ar/los-campos-de-concentracion-de-la-conquista-del-desierto/
2 Testimonio recogido en Perea Enrique: “Y Félix Manuel dijo”, Fundación Ameghino, Viedma, 1989. Citado por Fabiana Nahuelquir, op. cit.
3 El Nacional, Buenos Aires, 31 de diciembre de 1878.
4 Álvaro Yunque, Historia de los argentinos, Buenos Aires, Anfora, 1968.
5 Manuel Prado, La guerra al malón, Buenos Aires, Eudeba, 1966.
6 Osvaldo Bayer, “Rebelde amanecer”, Buenos Aires, Página/12, 8 de noviembre de 2003.
*La Sociedad Rural, Fénix Entertainment Group y una empresa de Eduardo Elsztain son los actuales dueños de la explotación comercial del inmueble.
Nicolás Pino es el actual presidente, le ganó a Daniel Pelegrina, que buscaba renovar su mandato al frente de la Sociedad Rural Argentina. Antes había estado Luis Miguel Etchevehere como presidente de la Sociedad Rural Argentina entre 2012 y 2017. El entonces presidente Mauricio Macri, designó a Etchevehere como ministro de Agroindustria el 31 de octubre de 2017.[1] El 3 de septiembre de 2018 pasó a ser secretario de agroindustria, una secretaría del Ministerio de Producción.
*Pte. Nicolás Avellaneda. Al concluir su mandato presidencial, en 1880, Avellaneda fue electo senador por Tucumán. Desde allí proyectó y logró la sanción de la Ley Universitaria, que les garantizó la autonomía a las universidades nacionales. Poco después fue electo rector de la Universidad de Buenos Aires.
17 de Abril de 2022
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